martes, 27 de octubre de 2009

Atenas, un viaje relámpago: "... no les mires a los ojos"



Num9 DJ Set en Atenas. Un acontecimiento, para mí claro. El sábado pasado Elle Belga y yo nos fuimos a vivir una experiencia rápida, divertida y "rara" en Grecia.

La revista griega Muzine lleva ya bastantes años siguiendo la escena independiente internacional, prestando bastante atención a lo que pasa en nuestro país. De hecho, llevan mucho tiempo en contacto con Acuarela, publicando artículos (Migala, Emak Bakia, etc) y publicando CDs con temas del sello.

El caso es que a Nektarios (director de la revista) se había quedado prendado del disco de Elle Belga y decidió, hace ya meses, llevarles a tocar. El disco de Num9 no lo escuchó hasta que llegó septiembre, y, como no tenía mucho presupuesto, me propuso pinchar después del concierto de los asturianos. Dicho y hecho.

Sábado, despertador a las cinco de la mañana. Cargado de CDs para la distribuidora de Acuarela y, por supuesto, con mi colección de CDs recopilatorios de los temas que suelo pinchar, me dirijo hasta el aeropuerto donde me encuentro con Fany y Josele, de Elle Belga. Tienen tanto sueño como yo.

Pero soy yo el que lo lleva a buen término, cayendo profundamente dormido la mitad del viaje hacia la capital helena. Así el viaje se me hizo mucho mas suave. A la llegada Nektarios nos estaba esperando junto a su novia Joana... y con su coche... No recuerdo la marca, pero era pequeño, pequeño. Vamos, que tuvimos que llevar el teclado de Fany encima de nuestros regazos para que cupiese todo.

Atenas nos recibió nublado. A punto de llover. Lo hizo cuando estábamos ya comiendo. Nuestros anfitriones nos llevaron al barrio de los anarquistas, donde en una terraza nos pusimos hasta arriba de comida de allí... que es muy parecida a la de aquí: embutidos, acelgas, carne, pollo... eso parecía una barbacoa (pero servida en platos). Lo acompañamos de unas buenas cervezas (ellos) y yo de una coca cola de envase muy vintage (botella antigua, con letras en blanco).

De ahí nos fuimos a la prueba de sonido. Sorprendentemente Nektarios me dijo que yo era el técnico de sonido... en fin, estos griegos... pero vamos, no me importó mucho porque con Elle Belga me llevo muy bien y fue muy sencillo. Además, nos dejaron en la sala durante una hora, lo cual nos hizo sentirnos muy a gusto.

La sala. Atenas es una ciudad fea. Al menos lo que no es la parte de los monumentos está desoladoramente dejado. Muchos edificios están descuidados, no en ruina, pero casi. En fin, no da muy buena imagen, la verdad. La sala, Soul Stereo, resultó estar en una de las calles mas peligrosas de Atenas, y quizás la más peligrosa que jamás haya visitado en mi vida. De hecho, en una de las veces que nos dirigíamos hacia el local, un grupo más que numeroso, mezcla de inmigrantes y griegos, nos miró de forma amenazadora. Y tampoco fue muy tranquilizador lo que nos dijo Nektarios en ese momento: "... no les miréis a los ojos, seguid andando".

Lo extraño es que Soul Stereo es todo lo contrario. Dividida en dos pisos, con un restaurante en la parte de abajo y sala en la de arriba, está muy pero que muy bien diseñada. Bastante moderna pero sin el rollo fashion infumable. La sala tiene muy buena acústica, una pena que para tocar exista una especie de delay que maltrata el sonido un poco, no mucho, pero si lo suficiente. Para pinchar, en cambio, es una pasada.

Y yo empecé a pinchar antes de lo previsto (y también acabé antes). Como el promotor esperaba que la gente fuese llegando (debido a la lluvia la gente llegó mas tarde o, directamente, no fue). Nektarios me pedía cosas animadas... empecé bastante pop, pero en seguida me di cuenta que lo que querían era caña, mucha caña... A los griegos les gusta mucho lo que ellos llaman música alegre: vamos, mucho bombo y mucho baile. Lo cual no me desagrada... Pero tampoco era cuestión de ponerse a 135 bpm antes de que tocasen Elle Belga.

Elle Belga es un gran grupo, y, a pesar de la cantidad de gente que estaba hablando durante su concierto (a los griegos les encanta hablar), ellos se portaron y bordaron muchos de los temas, sobre todo los dos nuevos.

En cuanto acabaron, ya estaba yo pinchando. Como la cantidad de gente que hubo durante la sesión no fue mucha, me dediqué a probar temas nuevos y a disfrutar y bailar mientras pinchaba. Vamos, que me lo pasé pipa. Encima el DJ de allí no paraba de decirme que subiese el volumen, justo lo contrario que muchas salas en las que he pinchado en España.

Pero duró poco, el sitio cerró pronto. Y yo quería salir, pero no había nadie dispuesto. Así que mi after hours fueron 40 minutos metido en un coche que me llevaba al hotel (estupendo, por cierto, de esos de los que se te quitan las ganas de salir, casi un cinco estrellas) que sólo estaba a tres minutos andando. Tremendo atasco... inexplicable, por otra parte... hasta que nos dimos cuenta que era culpa de la policía, que estaban haciendo un control antidroga. No nos pararon.

Al día siguiente diluviaba, a mares. Así que la decisión fue la de quedarnos en el Bar Lounge del hotel. Caro, pero con unas vistas increíbles (qué pena no poder usar la piscina, se salía).

El viaje de vuelta fue, como era de imaginar, más duro. Lleno el avión, el único entretenimiento era el de averiguar si el chico que se sentaba detrás de Josele era un camello, un drogadicto o, directamente, un terrorista. Acurrucado en su asiento, sudando la gota gorda, no respondía a las preguntas del personal del avión. Un rumor extendido entre los pasajeros fue que le habían tomado los datos porque era un camello que pasaba drogas. ¿Dentro del avión? Ni idea...

En definitiva, un viaje rápido, curioso y divertido. Hubo peligro, pero aquí estoy. Vivito y coleando.

Gracias a Muzine, Nektarios, Hitch-hike (nuestra distribuidora) y Joana (¡una santa!)

2 comentarios:

Xili dijo...

Qué pena que caigas en tantos clichés.

Saludos.

Anónimo dijo...

Xili,
que gran intelectual... que pensamientos tan profundos... que foto más auténtica... ¿que coño quieres decir?